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Ecuador rechaza con firmeza acusaciones de incursiones en territorio colombiano

Ecuador rechaza con firmeza acusaciones de incursiones en territorio colombiano

El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, respondió con firmeza a las críticas de su par colombiano, Gustavo Petro, tachando sus declaraciones de infundadas y señalando que el verdadero problema radica en la gestión fronteriza del gobierno vecino. En un mensaje cargado de tensión, Noboa defendió las operaciones militares en territorio ecuatoriano, asegurando que se trata de acciones legítimas contra grupos armados, muchos de ellos de origen colombiano, que, según él, han encontrado refugio en su país con la permisividad de las autoridades de Bogotá.

“Hoy, con el apoyo de la cooperación internacional, seguimos combatiendo a estos grupos, atacando los lugares que usan como escondites”, declaró el mandatario ecuatoriano, quien insistió en que las operaciones se realizan estrictamente dentro de las fronteras nacionales. “Presidente Petro, sus acusaciones son falsas. Estamos actuando en nuestro territorio, no en el suyo”, sentenció, dejando claro que no tolerará cuestionamientos sobre la soberanía ecuatoriana.

Sin embargo, las versiones sobre lo ocurrido en el terreno distan de ser unánimes. Mientras el gobierno celebraba la destrucción de un supuesto campamento del narcotraficante conocido como “Mono Tole” —que Noboa describió como un “área de entrenamiento para narcotraficantes”—, los testimonios de los habitantes de la zona pintan un panorama muy diferente. Vecinos de la provincia de Sucumbíos denunciaron que, lejos de tratarse de un enfrentamiento, lo ocurrido fue una emboscada contra jornaleros inocentes. Uno de los afectados, cuya identidad se mantiene en reserva, relató con crudeza los abusos sufridos: “Me amarraron de pies y manos y luego me colgaron. Después me metieron en un barril con agua, hasta donde aguanté”.

Las contradicciones no terminan ahí. Aunque las autoridades difundieron imágenes que, según ellas, demostraban la presencia de campamentos ilegales, los residentes aseguraron que los videos no correspondían a la fecha de los hechos. Más aún, un periodista local que visitó el lugar —identificado como “punto cero” por el gobierno— encontró una escena que poco tenía que ver con la narrativa oficial. Víctor Gómez, corresponsal de una radio de la región, constató que el sitio era en realidad una finca ganadera, donde solo quedaban restos de herramientas agrícolas y monturas quemadas.

El dueño de la propiedad, visiblemente indignado, no dudó en calificar lo ocurrido como un “montaje”. “Esto es falso, un invento para justificar lo que están haciendo”, afirmó, comparando la situación con los tristemente célebres “falsos positivos” que marcaron la historia reciente de Colombia. “Para mí, esto es lo mismo: una operación para mostrar resultados donde no los hay”, sentenció.

El episodio ha reavivado las tensiones entre ambos países, ya de por sí afectadas por el flujo de grupos armados y el narcotráfico en la frontera. Mientras Noboa insiste en que Ecuador está librando una guerra contra el crimen organizado, sus críticos señalan que las acciones militares podrían estar afectando a civiles y generando más violencia en zonas ya de por sí vulnerables. Lo cierto es que, más allá de los discursos oficiales, la realidad en el terreno sigue siendo confusa, con versiones encontradas y comunidades atrapadas en medio del fuego cruzado.

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