El festival volvió a demostrar por qué se ha convertido en uno de los eventos más esperados del año. Bajo un cielo despejado y con una atmósfera cargada de energía, miles de asistentes se dieron cita para disfrutar de una jornada musical que prometía desde el primer acorde. En el escenario Amazon Music, el trío Circus Club cautivó al público con su mezcla de sonidos electrónicos y rock alternativo, mientras que en el Telcel, los Ladrones desplegaron su característico estilo urbano, llenando el espacio de ritmos contagiosos y letras que resonaron entre la multitud. No muy lejos, en la carpa Intolerante, Beta ofreció una presentación íntima pero intensa, donde cada nota parecía conectar directamente con quienes se acercaron a escucharlos.
Las baterías retumbaron con fuerza, marcando el pulso de un evento que, edición tras edición, ha sabido ganarse el cariño del público. Entre los asistentes, Cynthia y Andrea llegaron temprano, alrededor de las dos de la tarde, con la emoción a flor de piel. “Vamos a quedarnos hasta la noche”, comentaron, mientras ajustaban sus mochilas y revisaban el programa. Su lista de artistas favoritos incluía a los Smashing Pumpkins, Santa Sabina y Los Fabulosos Cadillacs, nombres que, sin duda, serían el broche de oro para una jornada inolvidable. Para Cynthia, el festival ha evolucionado de manera notable. “Me encanta cómo ha cambiado. Antes era más caótico, pero ahora es mucho más tranquilo y familiar. Yo vine a la primera edición y ver a padres con sus hijos, grupos de amigos que se reencuentran… eso le da un toque especial. Se ha convertido en una tradición, en algo que esperas cada año para compartir con quienes quieres”, reflexionó.
El acceso al recinto transcurrió sin mayores contratiempos. Las filas avanzaron con rapidez y los ingresos se realizaron de manera ordenada, gracias a un operativo de logística bien planificado. La seguridad, otro de los puntos fuertes del evento, se hizo notar con una presencia constante pero discreta, garantizando que los asistentes pudieran disfrutar del festival sin preocupaciones. Hasta las cuatro de la tarde, no se habían reportado incidentes de gravedad, lo que reforzó la sensación de que, una vez más, el evento cumplía con su promesa de ofrecer una experiencia segura y memorable.
El ambiente, en general, era de celebración. Entre risas, selfies y conversaciones animadas, el público se movía de un escenario a otro, descubriendo nuevas propuestas musicales o reencontrándose con sus bandas favoritas. Algunos llevaban años asistiendo, otros eran primerizos, pero todos compartían la misma emoción: la de vivir, aunque fuera por unas horas, la magia de un festival que ha logrado trascender más allá de la música. Porque aquí no solo se escuchan canciones; se crean recuerdos, se fortalecen lazos y se celebra la cultura en su forma más vibrante. Y mientras el sol comenzaba a descender, la expectativa por lo que vendría después crecía, alimentada por la certeza de que esta edición, como las anteriores, dejaría huella.



