La noche del domingo quedó marcada por la violencia en Israel, donde una serie de ataques con misiles dejaron un saldo trágico: al menos nueve muertos y decenas de heridos en distintas zonas del país. El impacto más devastador ocurrió en Beit Shemesh, una localidad a unos 30 kilómetros de Jerusalén, donde un proyectil iraní alcanzó una sinagoga, destruyendo parcialmente su refugio y cobrando la vida de cuatro personas en el lugar. Otras cinco víctimas fatales se registraron en la misma área, mientras que 45 personas resultaron heridas, entre ellas un niño de cuatro años en estado grave y tres adultos con lesiones moderadas. Los equipos médicos del hospital Shaare Zedek, en Jerusalén, trabajaron contra reloj para estabilizar a los afectados, aunque el panorama sigue siendo crítico para algunos.
En la capital, un misil cayó sobre una carretera de salida, dejando a un hombre de 46 años con heridas de consideración. Las imágenes difundidas mostraban el caos en la zona: vehículos dañados, escombros esparcidos y paramédicos atendiendo a los afectados. Aunque las autoridades no reportaron más víctimas en Jerusalén, la tensión se mantuvo alta, con sirenas antiaéreas resonando en distintos puntos de la ciudad. Mientras tanto, en el área metropolitana de Tel Aviv, otro proyectil impactó en una zona comercial, donde los bomberos realizaron labores de rescate. Un herido leve fue evacuado, y otro con lesiones en el rostro fue trasladado al Hospital Sheba, en Ramat Gan, aunque no se precisó si provenía del centro comercial o de un edificio cercano que también sufrió daños.
El ataque del sábado ya había dejado la primera víctima mortal en Israel: Mary Ann V. de Vera, una mujer filipina de 32 años que trabajaba como cuidadora de una anciana en un edificio de Tel Aviv. Su muerte, confirmada por las autoridades, se sumó a la creciente lista de pérdidas humanas en medio del conflicto. Mientras tanto, en Irán, las cifras de fallecidos superaban las 200 personas, según reportes preliminares, en un escenario de escalada bélica que mantiene en vilo a la región.
Los servicios de emergencia israelíes, incluyendo el Magen David Adom (MDA), desplegaron todos sus recursos para atender a los afectados, pero la magnitud de los ataques ha puesto a prueba su capacidad de respuesta. En Beit Shemesh, los equipos de rescate trabajaron entre los escombros de la sinagoga, donde se presume que más personas podrían haber quedado atrapadas. La situación en el terreno sigue siendo fluida, con autoridades evaluando los daños y preparándose para posibles nuevos ataques.
La comunidad internacional ha seguido con preocupación el desarrollo de los acontecimientos, mientras Israel refuerza sus sistemas de defensa y advierte sobre las consecuencias de la agresión. En medio del dolor y la incertidumbre, las familias de las víctimas exigen respuestas y justicia, en un conflicto que parece lejos de encontrar una solución pacífica.

